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El "Barbenheimer" japonés de 1988

En 1988, unos 35 años antes que el Barbenheimer, Studio Ghibli estrenó el mismo día “La tumba de las luciérnagas” y “Mi vecino Totoro”.

 

El 16 de abril de 1988 los genios Hayao Miyazaki y su mentor Isao Takahata, creativos fundadores de Studio Ghibli, lanzaban en simultáneo dos nuevas películas de su recién inaugurada compañía cinematográfica, un par de años después de estrenar “El castillo en el cielo”, la primera producción del estudio.

 

No todo el cine animado es infantil.

La tumba de las luciérnagas“, la gran obra maestra del director Isao Takahata, producida por Studio Ghibli, presenta las desventuras de Seita y Tetsuko, dos hermanos que recorren unas destruidas aldeas japonesas para sobrevivir como pueden durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, un argumento que resulta ser la cruda historia acerca de una herida abierta que duele hasta los huesos.

 

El film es una adaptación del cuento homónimo autobiográfico de Akiyuki Nosaka, publicado en 1967, un fuerte mensaje antibélico enviado desde los inocentes ojos de aquellos más vulnerables quienes sufren las egoístas decisiones adultas.

 

En su relato corto, Takahata presenta a unos niños obligados a vagabundear por los despojos de hogares calcinados, resultado de los bombardeos de la aviación norteamericana, convertidos en víctimas invisibles que presencian la pérdida del mundo que conocían hasta entonces. Algo que nos confirma la película “Oppenheimer” cuando se argumenta que los japoneses no resistirían la guerra luego de perder los nazis.

 

A partir de su estreno, la película fue aclamada por la crítica y considerada como una de las más poderosas historias sobre la guerra. En el año 2000, el reconocido crítico de cine Roger Ebert la nombró en su lista de las mejores películas de todos los tiempos.​ Junto a “La lista de Schindler” (EEUU, 1993) de Steven Spielberg y “El pianista” (Francia, 2002) de Roman Polanski, es una de las grandes películas antibelicistas de la historia. Un logro inédito para una película animada.

 

El cine como la vida misma.

 

En un universo totalmente contrastante se encuentra “Mi vecino Totoro“, un encantador cuento sobre dos hermanitas, Mei y Satsuki, que descubren el mundo mágico de criaturas del bosque, en un emblemático título de la compañía que introduce a uno de los personajes más icónicos y populares de la cultura japonesa.

 

El previamente mencionado crítico Ebert, también alaba esta película como una obra rica en comedia, con personajes convincentes y una historia puede llegar a ser triste, atemorizante, sorprendente y educativa, como la vida misma. A pesar de gravitar en torno a la tragedia de una madre gravemente enferma en una sociedad japonesa de la posguerra, la trama logra transmitir un fuerte mensaje de optimismo y felicidad.

 

Muy distante a la historia del film anterior, su moraleja rebosa de amor filial, el aprecio por la naturaleza y la preocupación por el prójimo. Totoro resulta ser un espíritu protector que acompaña a las protagonistas durante momentos de soledad o preocupación y la cinematografía de Miyazaki nos hace enamorarnos de cada escena al aire libre y todos sus raros personajes. Es una historia que invita a vivir en armonía con la madre Tierra.

 

El tremendo éxito en su país de origen provocó que Totoro se convirtiera en la mascota del estudio y tan popular en el público infantil japonés como resulta Mickey Mouse en los países occidentales. Incluso hace apariciones en otras películas de Ghibli y tiene un cameo en la película “Toy Story 3“, de Pixar Animation Studios, donde es uno de los juguetes de la guardería.

 

El orden de los factores afecta el sentimiento.

Al momento de su estreno, ambos filmes estaban dirigidos a espectadores infantiles, presentando ambas caras de una misma moneda, sin embargo demostraron de forma contundente que el cine animado es un vehículo para contar cualquier historia. Por vez primera una empresa cinematográfica producía géneros y mensajes totalmente opuestos, lo que significó para Studio Ghibli forjar la reputación que ha perdurado hasta nuestros días.

 

De igual forma como sucede en la cartelera cinematográfia actual con “Barbenheimer“, en la agencia cultural Punto Bohemio recomendamos ver inicialmente la película sobre los tiempos de guerra y después finalizar viendo su par contrastante, con el propósito de aliviar la tensión causada por la primera. En cualquier caso, las obras de Nolan y Miyasaki nos abren a la reflexión sobre las infames, profundas e indeseables cicatrices de la guerra, desde las perspectivas de víctimas a ambos lados de la historia.

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